Primera parte - The Secret Of Monkey Island I


 
Guías
The Secret of Monkey Island I

Plataforma: PC
Autor:
angel666


Hola, me llamo Threepwood, Guybrush Threepwood.
Sólo a mi padre se le había ocurrido apillidarse Threepwood ; y a mí nacer en el día e San Guybrush.
Con este nombre soy la risa de toda la isla.
Al principio yo era un personaje desconocido, pero me hice valer demostrando mi coraje en la isla de los monos.
Como estaba harto de injusticias me fui de casa en busca de un empleo, pero con ese nombre que tenía todos se reían de mí.
Fue por eso por lo que decidí ser pirata, para vengarme y para conseguir mucho dinero.
Primera Parte.
Las Tres Pruebas.
Me puse en marcha hacia Melée Island, famosa por sus piratas.
Nada más llegar me encontré con el vigía de la isla y me dijo que podría conseguir información de cómo ser pirata en el bar Scum, así que allí me dirigí.
Hablé con unos piratas que había en la entrada, pero ellos me dijeron que debía hablar con los piratas importantes que estaban en el otro lado del bar.
Fui a verlos y me dijeron que para ser un buen pirata necesitaba pasar tres pruebas, a saber : Ser un maestro del robo, ganar al maestro de la espada y encontrar un tesoro.
Como no sabía por donde empezar, me las ingenié para entrar en la cocina cuando el cocinero salía.
Allí encontré una cacerola y un trozo de carne, y los cogí, como es natural.
Saliendo afuera me encontré un pescado y una gaviota picoteándolo.
Lo que hice fue aproximarme hacia un tablón suelto que estaba en la parte derecha y pisarlo varias veces hasta que la gaviota se fue y yo pude coger el pescado.
A la salida intenté hablar con el perro, pero no me aclaró nada.
Después fui hacia el pueblo y estuve viendo a varios habitantes, pero apenas conseguí hacer nada, excepto coger un pollo con una polea en el medio, porque no tenía ni un duro, así que me volví por donde había venido y me di una vueltecita por la isla.
Siguiendo el camino de la derecha me encontré a un "troll" en un puente, que no me dejaba pasar.
Decidí darle el pescado, y se puso tan contento que me dejó el camino libre.
Después de ver toda la isla me dirigí hacia el claro y vi que allí se había instalado un circo.
Dentro se encontraban dos hermanos muy parlanchines que me ofrecieron trabajo.
Lo único que tenía que hacer era usar la cacerola como casco y meterme dentro del cañón para que me disparasen.
Me pegué un buen tortazo contra el palo de enfrente, pero conseguí dinerillo para ir tirando.
Volví al pueblo, le compré un plano al charlatán, fui a la tienda que regentaba un desagradable viejo y le compré una espada que por allí tenía.
También aproveché para comprar una pala pensando en el tesoro que debía buscar.
Le dije al viejo que quería hablar con el maestro de la espada y me contestó que esperase, que él iba a concertar una cita.
Esperé un buen rato y como no venía pulsé el timbre para llamarle.
Me dijo que "ella" no quería verme.
Fuente: www.trucoteca.com
Quedé sorprendido de que fuese una mujer la que mejor dominase la espada en toda la isla y pensé que era fácil ganarla.
Le dije otra vez al viejo que quería volver a verla, y esta vez le seguí por toda la isla.
Fue difícil seguirle porque corría mucho, pero cuando llegamos reté a la maestra de la espada pero manifestó que ni siquiera desenfundaría por un mocoso como yo.
Así que fui a ver si encontraba a alguien que me enseñase y en el noreste de la isla encontré una persona dispuesta.
Me hizo luchar contra una absurda máquina durante horas hasta que aprendí algo final me dijo que más que tener habilidad con la espada, lo que había que tener era una lengua afilada y viperina, a ser posible, para insultar al contrincante y dejarle anonadado, aprovechando el momento para atacar.
Marché de allí dándole las gracias y traté de enfrentarme a los piratas locales que por los cominos pasaban.
Al principio no podía hacer nada ya que no sabía cómo responderles, pero lucha tras lucha conseguí aprender algunas respuestas.
Después de ganar dos veces partí a enfrentarme con la maestra, pero sustuvo que todavía era un imberbe.
Volví a los caminos y luché, y luché, hasta que me cansé.
Unas cinco o seis victorias más me dieron un buen número de insultos.
Todo orgulloso de mi poderío fui a enfrentarme con la maestra, pero me sorprendió con insultos distintos a los cuales no sabía responder.
Luego me di cuenta que las respuestas eran prácticamente las mismas, pero tuve que luchar tropecientas mil veces con ella para conseguir ganarla.
Después de conseguirlo me dio una camiseta 100% algodón como prueba de mi victoria.
Lo siguiente que hice fue ir a buscar el tesoro, que no sólo podía estar en el único sitio donde no había estado, en el laberinto del bosque.
Me adentré una cruz marcada en el suelo, empecé a cavar y descubrí que el tesoro era una camiseta a modo souvenir.
Volví a tapar el hoyo y regresé al bar para enseñarle las dos pruebas a los piratas.
Sólo me quedaba robar el ídolo, y el sitio donde estaba era en casa de la gobernadora.
Me encaminé hacia las afueras del pueblo, a la casa, pero no puede pasar porque había unos perros muy furiosos.
Se me ocurrió que si les daba la carne a lo mejor.
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¿Qué tíos, se la comieron y nada ! Fui otra vez al bar y cogí otro trozo de carne.
Pensé que si la cocía en el puchero a lo mejor les gustaba más.
Les di la carne cocida y nada.
Volví otra vez al bar y cocí de nuevo otro trozo de carne, pero esta vez lo condimenté con unos pétalos de la flor amarilla.
Y dio resultado, la comieron y se quedaron dormidos.
Y en la casa, tomé el jarrón y entré por la puerta de abajo.
Allí me dieron una paliza tremenda.
Al final la gobernadora intercedió por mí y me libró del maldito Sheriff, lo que hizo que me enamorase de ella y quedase sin palabras.
Intenté de nuevo entrar en la habitación, pero necesitaba antes una lima para sacar el ídolo de oro.
Fui a la tienda a comprar una lima, pero el viejo me dijo que se le habían acabado.
Lo siguiente que se me ocurrió hacer fue hablar con el preso.
Para aliviar su situación intenté darlo algo de lo que tenía, pero me dijo que el sólo quería su libertad, un unas pastillas de menta con sabor a grog, así que volví a la tienda y las compré.
Cuando se las di me lo agradeció mucho y comentó que si podía conseguirle algo contra las ratas, entonces le ofrecí un matarratas que había conseguido en la mansión.
Fuente: www.trucoteca.com
En prueba de agradecimiento me dio un pastel que había hecho su tía.
Cono tenía algo de hambre le di unos mordiscos y encontré dentro una lima, así que marché directamente a la mansión y recuperé el ídolo, pero a la salido a me estaba esperando el maldito sheriff y me tiró al fondo del puerto con el ídolo atado a la cabeza.
Pensé que mis días se habían terminado, pero cogí el ídolo y la espada, que se me había caído, y fui al bar a dárselo a los piratas, pero al llegar estaba vacío y el cocinero llorando como una macarena, Me contó que habían secuestrado a la gobernadora, mi novia por cierto, así que decidí enrolar a una tripulación y comprar un barco.
En quién primero pensé fue en la maestra de la espada.
Fui a verla y aceptó con gusto formar parte de mi tripulación.
Luego intenté soltar al preso, pero no había forma de forzar la cerradura.
Tras mucho pensar me acordé de que quizá dándole un poco de grog me ayudase.
En el bar recogí todos los vasos que encontré y llené uno con grog que había en el recipiente de la cocina.
Me fui corriendo, pero antes de llagar a la cárcel ya se había derretido el vaso.
Reflexionando un poco se me ocurrió volver y llenar otro vaso y cuando estuviese a punto de derretirse traspasar el contenido a otro.
Conseguí llegar hasta la cárcel y justo cuando se lo iba a dar al preso se me derritió el vaso, y por casualidad también la cerradura, así pues el preso pudo salir, pero en vez de ayudarme , el muy desagradecido se largó.
Lo siguiente fue ir al embarcadero a comprar un barco.
Cualquiera servía, pero no tenía dinero.
Estuve hablando con Stan y dijo que consiguiese un Crédito.
Creí que quizá el viejo de la tienda me diese uno, así que fui a pedírselo, me fijé en la combinación de la caja fuerte cuando la abrió, pero no me dio dinero.
Mi cerebro ya estaba maquinando cómo realizar el atraco, pero se me ocurrió que si mandaba al viejo a buscar a la maestra de la espada podría operar más tranquilamente, y eso fue lo que hice.
Más tarde volví con el charlatán de Stan, y tras mucho regatear rechazando todos los extras de los barcos, conseguí que me hiciese un buen precio por uno que era una ruina flotante.
Luego caminé hacia una pequeña isla que había en el extremo norte.
Para llegar hasta ella utilicé el pollo con la polea en el medio.
En el otro lado me encontré con un personaje curioso al que propuse que se enrolase en la tripulación, pero él no estaba seguro de mis aptitudes como capitán y me puso una dura prueba ; nada menos que meter al mano dentro de una caja en la que había un monstruo, así que le eché valor y no pasó nada, porque resultó que dentro había un inofensivo loro.
El tipejo se quedó asombrado y me dijo que era un buen capitán.
Fui al puerto y allí encontré a Stan, a los tres tripulantes y el barco a punto para zarpar.
Segunda Parte.
El Viaje.
Una vez dentro del barco estuve curioseando en al habitación del capitán y cogí todo lo que allí encontré.
Al salir, cuál sería mi sorpresa al ver que toda la tripulación se había amotinado y estaban tomando el sol, como si de un viaje de placer se tratara.
No hubo manera de convencerlos, así que tuve que apañármelas solo.
Me puse a dar vueltas por todo el barco y tomé todo lo que encontraba, incluyendo la bandera pirata.
En la bodega descubrí pólvora, una cuerda grande y vino, y en la cocina una cacerola y un paquete de cereales.
Como tenía hambre abrí el paquete y apareció la llave del armario del cuarto del capitán.
Dentro de éste había cofre con un papel, que resultó ser una extraña receta.
Como seguía teniendo hambre volví a la cocina a prepararla, pero no poseía los ingredientes, entonces pensé que si los sustituía por otras cosas similares también valdría, así que utilicé la bandera pirata en vez de la calavera, y así hasta el final.
Cuando añadí el último componente la olla saltó por los aires y quedé inconsciente.
Al despertar descubrí que estábamos en Monkey Island y sin entender cómo habíamos llegado allí.
Lo único que tenía que hacer era desembarcar, pero no sabía de qué forma.
Fuente: www.trucoteca.com
El ver el cañón me hizo recordar aquella pasada experiencia y decidí repetirla muy a pesar mío.
Bajé a la bodega y conseguí un poco más de pólvora, luego en la cocina prendí las tarjetas que Stan me había dado.
Cuando subí a cubierta utilicé como mecha la gran cuerda, eché la pólvora por la boca del cañón y prendí la mecha acto seguido me introduje en el cañón y salí disparado.
Tercera Parte.
En la Isla de los Monos.
El aterrizaje fue bestial, tanto que se mi hundió la cabeza en la tierra y además me quedó el culo ardiendo.
Allí apareció Herman, un solitario náufrago, y un simpático mono hambriento.
También había un cartel que indicaba que en la isla había caníbales.
Lo primero que hice fue coger la banana e intentar coger más del árbol, pero no pude conseguirlo, así que me interné en la isla para hacer reconocimientos.
Al este encontré un estanque seco, donde había un hombre colgado sosteniendo una cuerda, más arriba una bifurcación del río y al oeste una fortificación al borde de un cráter.
Recorrí toda la isla recogiendo todas las notas que encontraba.
Donde primero fui es la fuerte del cráter, lugar bastante frecuentado por Herman, y allí conseguí un catalejo, una cuerda y dentro del cañón, una bala y pólvora.
Ya en el grieta vi unos remos, abajo.
Utilicé la cuerda que había encontrado, pero no puede llagar hasta abajo.
Esto me hizo recordar la cuerda de aquel hombre ahorcado.
Y si consiguiera levantar el tronco para hacerle bajar.

The Secret Of Monkey Island I

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