

¿Pensabas que Return to Castle Wolfenstein sería la última vez que vieras al intrépido B. J. Blazkowicz?: estabas equivocado. La famosa franquicia de id Software ha vuelto a las tiendas con una nueva entrega para consolas de nueva generación (y PC) que pretende hacer remover los cimientos del género de los FPS. Porque aunque parece que está muy de moda la simulación bélica más tradicional (con armas antiguas y pocos elementos de ciencia ficción), a nadie le disgusta un dulce, y los diseñadores de Wolfenstein siempre se han caracterizado por hacer jugosos dulces. Con éste título distribuido por Activision los desarrolladores de Raven Software nos devuelven al lado más oscuro de la Segunda Guerra Mundial, ese en el que Hitler y sus secuaces intentaron hacer uso de las fuerzas ocultas. Esto implica que a diferencia de otros juegos, no vamos a combatir sólo contra militares muy bien entrenados, sino que habrá que plantar cara a seres de ultratumba y enemigos potenciados con las armas que los nazis han obtenido mediante sus terribles experimentos. Por suerte, y como ahora veremos en el apartado de jugabilidad, el protagonista del juego también cuenta con ciertas herramientas de ciencia ficción que ayudarán a equilibrar la balanza.
La historia nos coloca en la ciudad de Isenstadt en el año 1943. La Segunda Guerra Mundial está en uno de sus momentos cumbre y la maquinaria nazi sigue aterrorizando a los europeos. Mientras los soldados hacen su trabajo en las calles, Heinrich Himmler trabaja en su plan para dominar las fuerzas ocultas y poseer el control sobre una extraña fuerza conocida como Sol Negro. Por suerte para los aliados, hay un enemigo al que los nazis temen desde hace tiempo: B.J. Blazkowicz, que en anteriores ocasiones ya desbarató sus planes de conquista.
El camino de B.J. será más sencillo al encontrar un poderoso medallón que le permite saltar hacia otra dimensión conocida como el Velo. Se trata, nada más y nada menos, que de la dimensión del Sol Negro, donde no existen las sombras y en la cual se puede acceder a caminos secretos ocultos a la vista de los humanos en nuestra dimensión. Con el uso de éste medallón, que poco a poco irá revelando más habilidades y formas de utilizarlo, el protagonista deberá derrotar las creaciones que los nazis han llevado a cabo con la energía del Sol Negro y más adelante enfrentarse a un enemigo que conoce muy bien.
Dada la importancia del retorno de una franquicia como Wolfenstein los desarrolladores no querían limitarse a crear otro FPS del montón. Por ello tuvieron que realizar una importante decisión: FPS lineal, con niveles predeterminados y una historia siguiendo cada paso que demos, o un FPS de aspecto más libre, en el cual tuviéramos la oportunidad de tomar decisiones. Finalmente, la compañía optó por la segunda opción, aunque con ciertos límites que terminan dejando al juego en una posición intermedia de las dos posibilidades. Una vez hemos avanzado lo suficiente en la historia (todo el trozo que podríamos llamar prólogo) se nos da la oportunidad de decidir qué misión queremos emprender, o si preferimos quedarnos por el pueblo pegando tiros a las patrullas que aparezcan. Si hacemos esto último no habrá forma de avanzar en la historia, pero no hay duda de que nos lo pasaremos bien. Para poder avanzar argumentalmente tendremos que elegir una misión y dirigirnos al lugar donde tenga lugar su desarrollo. Una vez que la acabemos, iremos a otra misión, y a otra, así sucesivamente. Todas las misiones están integradas en la historia, así que de una manera u otra iremos avanzando hasta que nuestro personaje consiga todas sus habilidades y se enfrente al jefe del juego. Por ello es por lo que decimos que Wolfenstein se ha quedado a camino entre libertad y linealidad, aunque lo cierto es que el resultado final tampoco decepciona, ni mucho menos.
Pasemos al centro del juego: los combates y las formas que tenemos de matar nazis (que eso nunca pasa de moda). Los controles son los tradicionales de cualquier FPS. Podemos agacharnos y cubrirnos en esquinas, correr, lanzar granadas y otros objetos arrojadizos, robar las armas de los enemigos caídos, recargar... sobre esto no hay ningún secreto. En cuanto al armamento hay dos tipos. Primero, el de la época, ametralladoras, escopetas, pistolas, etc. Armas que, dicho de otro modo, ya estamos acostumbrados a utilizar y siempre dan el pego en las situaciones más complejas. La munición está limitada para todas (como podíais deducir) y su uso, por mucha ciencia ficción del juego, resulta indispensable durante toda la aventura. Pero también hay armamento más pesado, como un bazooka de peligrosa onda expansiva, o un arma estilo ciencia ficción que disparará energía capaz de desintegrar a los enemigos. Lo bueno del juego es que aporta un detalle estilo RPG, y es que podremos utilizar el dinero que consigamos mediante sacos de oro dispersados por el escenario, para mejorar el armamento que más solamos utilizar. Los precios no son baratos, así que es importante buscar todos los sacos de oro que podáis: a veces están escondidos en los lugares menos esperados.
Dejando de lado las armas no podemos dejar de hablar de El Velo, esa dimensión alternativa en la que el protagonista puede entrar gracias a su medallón. Cuando entremos en éste lugar podremos ver caminos ocultos y los enemigos brillarán como si estuvieran vestidos con luces de navidad. Por esto es una ventaja muy interesante para decorados oscuros en los que nuestros oponentes no nos pueden ver de ninguna de las maneras. Pero la energía para permanecer dentro del velo se gasta, siendo posible recuperarla en lugares determinados del escenario o mientras bombonas de recarga que encontraremos por el camino (y que también podemos usar para atacar a nuestros rivales). Con la energía del velo también será posible activar otros de los poderes del medallón, como una cámara lenta que nos permitirá esquivar disparos enemigos y avanzar con facilidad hacia torretas y oponentes protegidos de manera estratégica. Las habilidades del velo se desbloquean, al igual que las armas, de forma progresiva a lo largo de la partida, así que cada poco tiempo tendremos una novedad que aportará frescura al desarrollo del juego.
Como no podía ser de otra manera, Wolfenstein también tiene modos multijugador. De todas formas, no tienen tanta fuerza como los de otros FPS recientes y se convierten en un complemento adicional al modo campaña monojugador. Estos modos multijugador permiten participar hasta 12 jugadores simultáneos (menos que en otros títulos del momento) en tres variantes por equipos. En la primera sólo cuenta derrotar enemigos, mientras que en Objetivo, el segundo modo, un equipo debe llevar a cabo una tarea y el otro intentar detenerlo. La tercer variante de juego es más curiosa, dado que se lleva a cabo por turnos para ver qué equipo consigue mejor tiempo en la prueba seleccionada.
La combinación de una ambientación realista e histórica con la implementación de elementos de ciencia ficción da como resultado un aspecto muy sólido y atractivo. Los lugares por los que nos moveremos nos ayudan a sumergirnos en la situación por la que pasaba Europa en aquel entonces, y a medida que avanzamos, los decorados van ganando más en variedad. Una vez entra en juego el velo, todo se tiñe de un potente color azul que llena el escenario creando una atmósfera ciertamente particular. Pero lo que más destaca es la elevada interacción que tendremos con el escenario, destrozando objetos y algunos elementos secundarios con nuestros disparos y las armas de nuestros enemigos. Ayuda a que todo sea más espectacular la representación de las distintas habilidades que podremos llevar a cabo con la energía del sol oscuro, así como las armas más de ficción.
El catálogo de enemigos disponible es contundente, y sus modelos reflejan con calidad trajes y uniformes de la época. Los oponentes creados para la ocasión gracias a la licencia de la energía del velo son curiosos y aportan frescura. Todos ellos, sin excepción, muestran una IA a la altura de las circunstancias, creando estrategias de ataque frontales equilibradas y sabiendo cada tipo de enemigo cuál es su papel en un encuentro directo (la carne de cañón se lanza sin miedo, mientras que los altos mandos son mucho más conscientes del peligro).

Aunque hay mucho efecto de sonido creado para dar mayor fuerza y espectacularidad a los recursos de ciencia ficción de los que hace gala el juego, Wolfenstein también suena a realismo. Hay una buena representación del armamento clásico, y las pisadas y el sonido ambiente que oiremos al pasear por las casi desiertas calles de Isenstadt cumplen muy bien con su labor. Respecto a la banda sonora, está formada por melodías épicas que tratan de acompañar los tiroteos y las secuencias más tranquilas de manera apropiada, pero no destacan en ningún momento. El doblaje sí que merece una mención especial, y es que Activision ha contado con dobladores de alto nivel que reconoceremos por su trabajo en películas y series de televisión.
No es el FPS del año, y quizá si Wolfenstein no hubiera tardado tanto en tener una secuela el juego sorprendería más, pero se convierte en un título recomendable y adictivo. Su modo campaña nos permite disfrutar con una buena combinación de ciencia ficción y tiroteos tradicionales de la Segunda Guerra Mundial, y la historia nos llevará a vivir momentos de tensión muy bien escritos. Cuando acabemos su modo historia encontrando todos los elementos ocultos (que no son pocos, especialmente en lo referente a documentos llenos de información que podremos leer si nos interesa la ambientación) siempre nos quedará la posibilidad de vernos las caras online con jugadores de todo el planeta para disfrutar de sus modos multijugador.
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Título: Wolfenstein Nota: 80 Plataforma: Xbox 360 Género: Acción Desarrollador: Raven Software Editor / Distribuidor: id Software / Activision |
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